El Sistema Javier de la Sen de Biodanza y el autoconocimiento

El ser humano es cuerpo, mente, emociones y espíritu. La mente se expresa en imágenes, el cuerpo en sensaciones y el espíritu se manifiesta vitalizando a ambos. Cuando las imágenes y las sensaciones encajan tenemos una vida sana e integra, el espíritu se hace presente y la energía de la vida fluye por nuestro cuerpo; por el contrario, cuando las imágenes y las sensaciones no encajan, ya sea porque la mente reprima a las sensaciones corporales o las obligue a someterse a las imágenes que tiene en su mente (arquetipos culturales negativos), obtenemos una vida alejada de la realidad, abocada a la enfermedad, al vacio, a la desesperación, a la desconexión con el espíritu y con la vida.

Por tanto, el primer paso que da el Sistema Javier de la Sen de Biodanza para que el ser humano integre mente y cuerpo es ofrecer ejercicios asociados a músicas precisas para bajar la conciencia a lo corporal, permitirnos sentir y aceptar nuestras emociones.

Las imágenes que tiene el ser humano en su mente alentadas por la cultura (ciencia, política, religión y economía) acerca de cómo debe ser la vida y con las que se identifica, no forman parte de su verdadera esencia.

Esas imágenes son patrones, creencias y paradigmas limitantes que ha ido haciendo propios, como resultado de la interacción con la educación cultural y el inconsciente colectivo.

Esas imágenes se expresan a través de las actitudes y los comportamientos de nuestros progenitores y de la familia, y se quedan grabados en nuestro inconsciente, condicionando la forma de movernos y de relacionarnos.

Si nuestra verdadera esencia que tiene que ver con la vida no son las imágenes que tenemos en nuestra mente, es necesario ser conscientes de que es lo que es la vida para saber quiénes somos.

El Sistema Javier de la Sen de Biodanza ofrece cuatro herramientas para conocer a nuestra verdadera esencia. La primera de ellas es hacer consciente lo inconsciente, es decir, reconocer las creencias limitantes que surgen a la hora de movernos y de expresarnos. La segunda es aprender a gestionar las creencias limitantes dentro del diagrama cuántico para liberarnos de ellas, la tercera poner plena atención a lo que sentimos después de cada movimiento, y la cuarta sanar a nuestro niño interior.

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