La Autoestima: 10 consejos prácticos para mejorarla

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La autoestima

La autoestima es la percepción que tenemos de nosotros mismos en relación a las emociones que experimentamos al interactuar con los demás y con los pensamientos que surgen en nuestro interior fruto de esa interacción.

Estas percepciones modelan nuestra autoimagen o lo que es lo mismo, el concepto que tenemos de nosotros.

La autoimagen o el autoconcepto depende del modo en cómo interpretamos o percibimos el comportamiento de los demás hacia nosotros y los pensamientos posteriores que elaboramos como respuesta. Estas percepciones a su vez, afectarán al modo de vernos y de sentirnos.

Este automatismo viene dado por el impulso humano de saber quién es y de conocerse a sí mismo.

¿Cómo surge la autoestima?

Desde que nacemos hasta que morimos, vamos conformando el concepto que tenemos de nosotros mismos del modo que acabamos de describir.

Según las investigaciones del psicólogo norteamericano Eric Berne padre del Análisis Transaccional, las percepciones que tenemos actualmente del modo de comportarse de los demás hacia nosotros y de los pensamientos que surgen como respuesta, están relacionados al modo en cómo se comportaron nuestros padres con nosotros y lo que pensamos al respecto en nuestra más tierna infancia.

Asímismo, el médico americano William Fitzgerald y la Doctora Eunice Ingham padres de la reflexología moderna señalaron que la personalidad del ser humano se gesta a lo largo de las etapas del desarrollo embrionario. Ambos investigadores indicaron que las vivencias experimentadas en cada una de las etapas del desarrollo embrionario influyen decisivamente en la autoestima.

Por tanto, podemos concluir que la autoestima comienza a modelarse a muy temprana edad según las percepciones que experimentamos en relación a nuestros progenitores.

En la escuela no recibimos una educación enfocada a la educación de la autoestima y de adultos al no haber tenido buenos referentes con una autoestima sana seguimos haciendo lo que hace todo el mundo buscarla fuera, en las reacciones de los demás hacia nosotros , sin embargo está tendencia generalizada produce más problemas de los que trata de solucionar.

En realidad, lo que valemos no depende de lo que digan los demás acerca de nuestras actitudes. Nuestra autoestima depende de cómo interpretamos las reacciones de los demás y en el valor que damos a los pensamientos que surgen como respuesta.

Algunos ejemplos para comprender la autoestima

Si cuando fuimos pequeños, cada vez que nos equivocábamos al hacer una cosa, nuestros padres nos comparaban con otros niños o nos tachaban de idiotas, de mayores al equivocarnos las reacciones de los demás serás muy parecidas a las que tenían nuestros padres con nosotros, o así al menos las percibiremos. Luego el pensamiento que surgirá será el de siempre: no valgo, no estoy a la altura o los demás son mejores que yo, con lo cual influirá en la autoestima que tengamos de adultos.

Este pensamiento asociado repetidamente a la emoción que no ser queridos por nuestros padres condicionará la percepción de nosotros, creeremos que no podemos ser creativos, que no podemos tomar decisiones por nosotros, dejaremos de explorar o de actuar por nuestra cuenta, estando siempre pendientes de qué dirán los demás por miedo a equivocarnos.

Otro ejemplo de una autoestima baja, es el caso de aquella persona que no habiendo sido querida en su infancia por sus padres de adulta piense que ella no es importante. Esta persona pondrá entonces el foco en salvar a los demás en vez de salvarse a sí misma, y cuando necesite el apoyo de los demás no lo obtendrá. Su baja estima la llevará a agradar a los demás y a olvidarse de sí misma.

Otro caso de baja autoestima es la persona que durante su infancia escuchó repetidas veces a sus padres decir que esa cosa o tal otra no se sentía capaz de alcanzar: aspiraciones, deseos o sueños. Esta persona de mayor acabará adoptando el papel de víctima, creyendo que ella no puede lograr tampoco aquel objetivo que se proponga, repitiendo el mismo patrón familiar.

Todas estas personas olvidan que el valor y el éxito residen en ellas mismas y no en lo que vieron, oyeron o en el modo en que fueron tratadas.

Efectos de la cultura sobre la autoestima

La cultura occidental nos hace creer que hemos de ser especiales siempre con la idea por delante de buscar la aprobación externa: tener un cuerpo diez, ser la esposa ideal, el marido que todo lo puede o el profesional perfecto.

Lo que nos arroja al abismo de sentirnos infelices si no alcanzamos ese estándar o felices si lo logramos, pero a costa de un esfuerzo ímprobo por mantener esa imagen, debido a que uno se ve obligado a no defraudar las expectativas de los demás.

La aprobación o desaprobación social puede ser algo letal e influir de modo desfavorable en la autoestima. Por una parte, puede mejorar la autoestima, pero por otra parte puede bajarla, con lo que conlleva de amenaza para la salud al dejar caer las defensas del sistema inmunológico.

Está comprobado que el miedo baja las defensas. Por tanto poner el foco en lo que la cultura espera es un riesgo innecesario, máxime cuando el reconocimiento o la reprobación se suele hacer sin conocer la causa profunda del comportamiento de la persona a la que se etiqueta.
Una persona puede ser adicta al reconocimiento social, debido a que tiene una baja autoestima, debido a que busca complacer a los demás para ser querida.

En ese momento la persona traspasa la línea roja de su existencia. Deja de ser ella misma y comienza a ser los demás en ella. Todo lo que haga lo hará para conseguir el beneplácito o el cariño de los otros, y nunca más su motivación será interna si no externa y perderá poco a poco su autoestima.

Del mismo modo que el corredor corre para alcanzar una medalla valorada en reconocimiento social y no por el placer de correr, por tanto, le llevará a hacer las cosas por los demás y no por ella misma. La persona pierde todo su valor pues pone lo que vale en las reacciones de los demás.

No es malo recibir la aprobación ajena, el problema viene cuando la persona necesita complacer a los demás por encima de sus necesidades y limitaciones, cuando no se escucha en lo que ella necesita para sí misma, que es cuando se faltará el respeto.

Mejorar la autoestima es hacer conscientes las creencias limitantes que grabamos en nuestra más tierna infancia en relación a nuestra autoimagen. Sanar la relación con nuestro niño interior es fundamental para una óptima autoestima.

10 Consejos para tener una sana autoestima

El primero consejo y fundamental para tener una sana autoestima es amarse a sí mismo; pero sabemos que quiere decir esta concepto realmente. Algunas personas erróneamente consideran que consiste en amar al prójimo olvidándose de sí mismo.
Amarse a sí mismo es un conjunto de actitudes que no son nada fáciles de aplicar. Estas actitudes no son deseables por la cultura, de modo que desde bien pequeñitos se nos enseña a olvidarnos de nosotros y a agradar a los demás empezando por los padres.

A continuación se de indican 10 consejos que incrementan una sana autoestima.

  • Fortalecerse emocional y físicamente.
  • Perder el miedo al qué dirán.
  • Expresar las propias necesidades encaminándose hacia su satisfacción y respetando al prójimo.
  • Decir sí cuando se quiere decir sí y no cuando se quiere decir no sin sentirse culpable.
  • Poner límites claros con cariño para no sentirnos invadidos.
  • Aprender a ser asertivos con los demás, es decir, saber negociar para que las partes salgan ganando.
  • Mejorar la autoconciencia.
  • Aprender a gestionar las emociones disruptivas.
  • Saber controlar los pensamientos propios acerca de uno mismo.
  • Plantearse objetivos propios y perseverar hasta lograrlos.

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